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Año del Padre José Kentenich

1885 – 1968
Alemania 15 de septiembre 2018
50 años de su partida

15/9/17 – 15/9/18
Año del Padre José Kentenich
recordar, celebrar, agradecer, asumir

En un tiempo de cambio nos preguntamos por el rostro de la humanidad del mañana. El presente nos interpela, pero el futuro nos preocupa y nos atrae porque lo sabemos lleno de promesas. Quién definirá el rostro del futuro?   Dónde se talla el modelo que continuará la existencia de la raza humana? Qué rasgos vislumbramos en el ciudadano del mundo del tercer milenio?

El rostro del futuro será el que hoy se plasme en las jóvenes generaciones. Será el que la infancia y juventud de nuestro presente logre desplegar en su vida adulta y madura del mañana. Seremos como sociedad lo que las familias de hoy signifiquen en el desarrollo cultural de la época. Seremos el hombre y la mujer del siglo XXl que la artesanía educativa de nuestras escuelas logre perfilar.

Transitamos un tiempo bendecido y amenazado por constante cambio. Avances tecnológicos veloces y crecientes, encandilan y confunden. Se diluye fácilmente la percepción de lo esencial, la riqueza de lo humano, y se torna frágil la historia personal en medio de la vorágine de la maquinaria social. Se desvanece el contacto personal con Dios, y nos vamos inhabilitando para percibir Su presencia y su intervención en el diario acontecer de la vida.

En este contexto, rescatar la luz de una historia y la luz de una personalidad y colocarla en un lugar visible para muchos, es una tarea irremplazable. Una historia de vida significativa es un lenguaje elocuente para expresar mensajes y exaltar valores. Creemos que la historia humana se teje con millones de personas, pero la trama, en todas las épocas, revela huellas profundas de algunas personalidades. Son faro luminoso para varios siglos, estrella que guía en tiempos de oscuridad y confirma senderos correctos en tiempos de luz.

1885 -1968, Alemania. José Kentenich.

Una historia de vida y un recorrido sacerdotal en épocas de convulsión mundial: dos Guerras mundiales con las consecuentes catástrofes de orden psíquico, moral, social, espiritual. Revolución china, Revolución rusa. Progreso científico y técnico transformador en toda dimensión. Avances en la psicología profunda, física y medicina. Transformaciones religiosas, políticas y sociales. Salto de la Iglesia preconciliar a la gestación silenciosa de la novedad del Concilio Vaticano II. Señales de cambio de época y en consecuencia un giro profundo en la imagen de hombre y sociedad.

José Kentenich no conoció la vida desde el escritorio, vivió las penurias del campo de concentración de Dachau (1942-1945), atravesó crisis personales e institucionales, fue educador durante 60 años. Con su pasión activa por la transformación del hombre y del mundo nunca declinó su batalla por las convicciones propias aún en las más difíciles pruebas. Su accionar en pro de la libertad de conciencia le costó la condena del nazismo a 3 años y 8 meses en el campo de concentración de Dachau. La post-guerra europea lo impulsó a llevar su visión innovadora a América y Africa, y allí fundó comunidades y asentó su construcción espiritual y apostólica según el nuevo carisma. Diferencias con la Iglesia pre conciliar lo llevaron a un tiempo de exilio de 14 años.

Sin embargo, lejos de ser un profeta del pesimismo siempre construyó respuestas, intuyó el rumbo del cambio y con fe y esperanza desplegó una proyección pastoral y educativa muy amplia, en diversas latitudes. Cristalizó su aporte a la sociedad y a la Iglesia fundando la Obra de Schoenstatt: Movimiento de Iglesia, que incluye la creación de múltiples comunidades de sacerdotes y religiosas, consagrados, familias y variadas organizaciones de laicos con diferentes escalas de adhesión y compromiso.

Desde allí su vida y su visión, alcanzan a impactar en incontables ámbitos de transformación personal, social, pastoral y pedagógica. Intuiciones y aciertos, propuestas metodológicas y verdades profundas, son anunciadas en relación a la circunstancia del tiempo. Su persona es valorada como una personalidad inspiradora, portadora de una historia personal marcada por las heridas del siglo XX. Su vivencia de transformación y sanación por su estrecho vínculo con María Madre de Dios, y la observación de muchos procesos individuales de transformación y crecimiento, se convierte en un signo. Así es como instala en su corazón no solo la intuición, sino la convicción de que la vinculación personal y comunitaria a María será el motor de su propuesta evangelizadora.

Maestro y padre, educador y sacerdote. Su acción como educador paternal promueve un ejemplo de coherencia y compromiso hasta las últimas consecuencias con las convicciones profundas del alma y los altos ideales. Es portador de una misión y autor de una corriente de pensamiento y espiritualidad que ha impregnado a muchos círculos de laicos y consagrados, animados por el servicio desinteresado a la transformación personal y social.

Su grado de autoridad y el porte de sus responsabilidades, nunca lo llevó a claudicar en el servicio personalísimo y sencillo a las personas que se confiaban a él. Las conducía a Dios a través de María, su vida, su fuerza, su Aliada.

Hoy se realiza en Roma el camino hacia su beatificación, que implica el reconocimiento de su vida santa y digna de ser venerada, dando frutos en la Iglesia universal.

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