Ideario abreviado

La situación de cambio del hombre y la sociedad, la conmoción en los valores, la inestabilidad de los vínculos y la gran vulnerabilidad del individuo ante las influencias del medio, motiva la decisión de un grupo de matrimonios, de constituir la Fundación José M. Estrada para impulsar en la comunidad de City Bell, actividades comprometidas con la educación y la familia, la solidaridad y la evangelización de la cultura. Así nace esta Organización sin fines de lucro, el 18 de octubre de 1991, y asume en primer lugar la conducción del tradicional Instituto José M. Estrada, aportando para su renovación la pedagogía y espiritualidad del Padre José Kentenich. Se plantean a continuación conceptos básicos y valores esenciales que constituyen la base de todo emprendimiento que emane de la Fundación.

Hombre

El hombre es un ser único e irrepetible, que se desarrolla en plenitud a través de la madurez de sus vínculos fundamentales: con Dios, consigo mismo, con otros hombres, con la naturaleza, con las cosas, con la comunidad y con la historia.

Cada vínculo desarrolla en el educando una faceta de la vida de relación, que le permitirá adquirir un perfil especial en la sociedad: la apertura a Dios en su vida lo hace una persona religiosa. La conexión consigo mismo le permite descubrir su núcleo personal y desplegar la autonomía de su personalidad.

Relacionarse solidariamente con otros le garantiza sanidad y sentido para su vida. La naturaleza, las cosas, no lo alienan sino que desafían su libertad y su compromiso. La comunidad y la historia dan contexto a su protagonismo para el cambio, lo ayuda a trascender del yo al nosotros.

Sociedad

La sociedad que queremos construir es por sobre todo una comunidad de fuerte carácter familiar, con relaciones son personalizadas, cultiva la alegría, se valora y apoya la vida familiar, el encuentro y la amistad.

Una comunidad solidaria, sensible a los más necesitados, con rasgos de hospitalidad y sano arraigo local.

Familia

“Cada día se nos hace más evidente la inmensa trascendencia que posee la familia y la vivencia del hogar, para el equilibrio y sanidad sicológica de la persona, para la edificación de una sociedad justa y solidaria y la captación del misterio del Dios que es Familia,” (Padre J. Kentenich)

En la comunidad familiar, varón y mujer se integran en un proyecto común, que despliega su energía creadora dando vida a los hijos, ayudando a desarrollar en ellos personalidades originales, que interactuando en un espacio común aprenden a desplegar su primera red vincular.

La familia es la escuela donde se aprende a ser padre, madre, hijo y hermano, y se forjan los valores para la construcción de una sociedad más humana: respeto, aceptación del otro, generosidad, capacidad de diálogo, confianza, fidelidad, comprensión, paciencia, renuncia, etc.

Una familia se apoya fundamentalmente en la constitución de un matrimonio armónico, en el que padre y madre desempeñan con claridad y en forma complementaria sus respectivos roles. En su seno se construye día a día una comunidad que interactúa, enriqueciéndose y educándose mutuamente, significando para sus miembros la primera experiencia de sociedad.

Por ello, uno de los objetivos permanentes de los proyectos de la Fundación será fomentar, sostener y cuidar la familia, como garantía esencial de la sanidad de niños y jóvenes, y como motor de una sociedad justa, animada por valores de carácter familiar.

Cultura

Entendemos por cultura el conjunto de modalidades propias que posee un pueblo para manifestar sus vínculos fundamentales (naturaleza, los hombres entre sí, Dios), y la actitud básica hacia las realidades más humanas (amor, muerte, familia, trabajo).

Buscamos devolver a la cultura secularizada de hoy, los valores más propios de la cultura cristiana. Existe cultura cristiana cuando el mensaje Evangélico penetra las bases del pensar, los principios fundamentales de la vida, valores vitales, criterios de juicio, normas de acción, y desde allí se proyecta el ethos del pueblo que se manifiesta en sus instituciones y en todas sus estructuras.

Educación

Es el proceso vital que vincula educador y educando, promoviendo en ambos modificaciones y crecimiento. Es también un movimiento de valores que tiene como punto de partida la realidad original del educando, que el educador enriquece, complementa, clarifica y conduce respetuosamente hacia el fin. Definimos este fin como la plasmación en el educando del hombre nuevo: integrado, comunitario, apostólico y mariano.

Este concepto se aplica a todos los ámbitos de la trama social (familia, escuela, comunidad, etc.) considerando educador a todo adulto (llámese padre, madre, hermano, docente, sacerdote, político, vecino, etc.) que hace conciente la influencia de su vida sobre otras vidas y asume esta tarea con responsabilidad.

Rasgos fundamentales del adulto educador:
Capacidad de vínculo Capacidad de autocrítica
Aspiración y esfuerzo por encarnar los valores que trasmite
Portador de experiencias reflexionadas
Actitud paternal y maternal: servicio desinteresado al educando
Disposición respetuosa ante el educando
Humildad ante el educando, pide perdón, admite errores
Flexibilidad para adaptarse y sensibilidad para percibir necesidades
Espíritu creativo

Evangelización

Consiste en impulsar la transformación desde dentro, la renovación interior según el modelo que plantea el Evangelio Promover cambios reales y duraderos en la persona y en la comunidad, a partir de un vínculo existencial con Dios. Un Dios personal, que interviene y participa en la vida individual y en la historia universal de la humanidad.

De acuerdo con la concepción del Padre J. Kentenich, con el aval de su vasta experiencia en pedagogía de la fe, consideramos determinante en el proyecto pastoral la vinculación con María, que aporta una natural predisposición a los valores positivos y una apertura sencilla y espontánea que posibilita vivencias espirituales y religiosas.

A través de la vinculación con María se facilita la vinculación con Dios Padre, Cristo y el Espíritu Santo, y se adquieren paulatinamente actitudes marianas que perfilan un estilo de vida y de trabajo sellado por el Evangelio.

El crecimiento del sentir y pensar religioso se potencia con el desarrollo de la vinculación a lugares santos, que remiten al educando al mundo sobrenatural, en forma tangible y significativa. Así la concurrencia a Santuarios y la vinculación cotidiana a rincones marianos o ermitas, favorecen el despliegue de todas las fuerzas afectivas y sensibles en función del crecimiento de la fe.